miércoles 1 de julio de 2009

La red de farmacias independientes frente al virus de la gripe A


Son tiempos difíciles en materia de salud en la Argentina. El brote de la gripe N1H1, la popular y temida gripe A, mantiene a la gente en un estado que va de la alarma a la psicosis. Con el ministerio de Salud acéfalo un par de días, la pregunta que flota en el ambiente es qué tan bien está trabajando el sistema sanitario para evitar males mayores. A este interrogante cabe añadir cuál es el rol que debe asumir la farmacia profesional, como una de las partes del sistema sanitario argentino.

En primer lugar, hay que señalar lo que se ve cada día. Es muy importante la labor del farmacéutico, porque colapsadas las guardias médicas en hospitales, sanatorio y clínicas privadas, colapsado el sistema de atención domiciliaría, la farmacia está cumpliendo con su rol natural: un centro de salud de atención básica. Lo que está haciendo el farmacéutico es orientar sobre las medidas sanitarias y de profilaxis que se deben tomar, porque el virus ya está caminando entre nosotros. Por eso el profesional orienta para que ante la aparición de un síntoma de gripe, esta sea tratada como la más virulenta. Sin dilaciones más inexplicables

También es bueno remarcar un dato distintivo, ya que lo notamos en las farmacias a diario, y es que hay pocos abuelos engripados. No hay casi casos. Parece menos que un detalle, pero habla muy bien de la campaña de vacunación antigripal llevada adelante por el PAMI en las farmacias. Los jubilados no tienen demasiadas prescripciones, en la su habituales recetas de medicamentos antigripales, antitérmicos y similares, por eso la importancia de haber cubierto a cientos de miles de abuelos mediante la red de farmacias. Esto demuestra que cuando un Estado u Organismo Centralizado, en este caso el PAMI, piensa y articula una campaña de prevención que pretende llegar a la mayor cantidad de personas posibles, si se utiliza una red de alcance masivo como la farmacias independientes, el resultado es notablemente favorable. Esto es un simple dato de la realidad.

Otro caso de anticipación es de México, que ahora parecen tan lejano. Cuando explotó la influenza H1N1, la gente y las autoridades sanitarias mexicanas, tomaron con seriedad las herramientas que el Estado puso a su disposición para combatir de entrada esta epidemia. Hubo barbijos para todos, los espectáculos masivos se realizaron sin públicos (como el fútbol, que disputó por lo menos un par de fechas sin hinchadas), el gel antiséptico estuvo disponible, grandes complejos industriales licenciaban con trabajo para el domicilio a sus empleados o bien estructuraban muchos turnos rotativos para evitar las aglomeraciones del personal, etc. Es decir, ante los primeros síntomas de pandemia, el Estado azteca dispuso la emergencia sanitaria, que es sólo una cuestión administrativa, y operó fundamentalmente en la calle. La gente del DF se quedó en la casa, los que salían estaban provistos de todo lo necesario para ofrecer el mejor cuidado frente al temible el virus de la gripe A, y finalmente, armaron una red de atención primaria de la salud que se articuló perfectamente. Así, y nos consta, se contuvo y contiene la enfermedad.

Querido lector, ya sé, usted pensará que ellos contaron con la ayuda del clima; es casi una verdad; pero aún se registran infecciones y muertes en el hemisferio boreal, ahora mismo en aquella primavera. Lo concreto, es que el virus tuvo un obstáculo planificado para expandirse. Si el Estado argentino hubiese articulado medidas pensando en las desventajas climáticas: en que el virus H1N1 iba a tener grandes posiblidades a mutar como sucede con el de la gripe estacional, si se hubiese tomado las mismas medidas y con igual ritmo como las que dispuso el gobierno mexicano, quizá las estadísticas reales serían muchos mejores de las que todos nos vamos anoticiando.

En estas páginas siempre decimos que la farmacia independiente, profesional, es un eslabón más del sistema de salud de nuestro país. De hecho, hoy se nota más que nunca esto, en la contención de la gente, en la información de cómo evitar la gripe, de los consejos para entrenar a los pacientes a consultar con su médico para conseguir el mejor diagnóstico de cuándo se está ante un cuadro gripal estacional o cuándo este puede ser porcina. Pero la gente cuando llega al hospital se encuentra con la realidad sanitaria nacional: falta de elementos para diagnostico (sólo basta nombrar que el instituto Malbran no esta realizando pruebas de verificación de H1N1), guardias llenas, etc. Entonces, se procede con una singularidad muy a la argentina, nuestro ministerio de salud nacional, se le ocurre salir del vendaval considerando que cualquier cuadro gripal se la considera gripe porcina A. El peor pronóstico para el evitar el mayor riesgo.

Cuando decimos que un Estado debe tener una idea acabada de sanitarismo, nos referimos a poder articular todas las herramientas de gestión pública y privada y a desarrollar una estrategia completa que utilice todos los elementos a su disposición. Hoy vemos una vez más que el Estado no fue ni oportuno ni contenedor de estas contingencias que ahora explotan en todo el sistema de atención primario de la salud. Por eso, y siempre que podamos, llamamos a la reflexión a quienes quieren destruir las complejas redes de atención farmacéutica de la provincia de Buenos Aires, destruyendo la cadena de farmacias privadas independientes. Rompiendo leyes que apoyan estas mismas redes. Porque en verano volverá el dengue, y no vemos que haya una política preventiva. Porque parece que la única herramienta preventiva que tiene el sistema argentino es la suerte. La suerte de un invierno benevolente que haga llegar más rápido el calor, que aleje a los virus de la gripe, como hace unos meses esperamos que la suerte traiga el frío que alejó al mosquito del dengue. Pero que en el verano volverá, y así sucesivamente, si no prevenimos de una buena vez rompiendo el círculo vicioso de la improvisación.

Por eso necesitamos en el ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires y el de Nación, sanitaristas comprometidos, que entiendan la importancia de estas interacciones entre los profesionales de la salud y de toda la red de atención primaria, que comprende hospitales, CAPS, clínicas, farmacias, etc. Un Estado en alerta permanente sin pudor.

Debemos aprender de los errores de esta democracia adolescente que se cobra vidas de argentinos. Así, podremos entender que una solución a tiempo es la mejor vacuna a cualquier problema. Informar antes que curar, evitar llegar a las emergencias antes de solucionar lo que parece irreparable una vez en ella.

Es hora de entender que en contingencias como las que se viven es donde la solidaridad y las redes de atención construidas por tanto tiempo deben surgir ante la desorganización que reinó hasta ahora. Ni la suspensión de las clases, ni el cierre de fronteras, ni cualquier medida pueden detener la peor de las infecciones: la falta de una educación para la salud desde el Estado.

Néstor Caprov

La red de farmacias independientes frente al virus de la gripe A



Son tiempos difíciles en materia de salud en la Argentina. El brote de la gripe N1H1, la popular y temida gripe A, mantiene a la gente en un estado que va de la alarma a la psicosis. Con el ministerio de Salud acéfalo un par de días, la pregunta que flota en el ambiente es qué tan bien está trabajando el sistema sanitario para evitar males mayores. A este interrogante cabe añadir cuál es el rol que debe asumir la farmacia profesional, como una de las partes del sistema sanitario argentino.

En primer lugar, hay que señalar lo que se ve cada día. Es muy importante la labor del farmacéutico, porque colapsadas las guardias médicas en hospitales, sanatorio y clínicas privadas, colapsado el sistema de atención domiciliaría, la farmacia está cumpliendo con su rol natural: un centro de salud de atención básica. Lo que está haciendo el farmacéutico es orientar sobre las medidas sanitarias y de profilaxis que se deben tomar, porque el virus ya está caminando entre nosotros. Por eso el profesional orienta para que ante la aparición de un síntoma de gripe, esta sea tratada como la más virulenta. Sin dilaciones más inexplicables

También es bueno remarcar un dato distintivo, ya que lo notamos en las farmacias a diario, y es que hay pocos abuelos engripados. No hay casi casos. Parece menos que un detalle, pero habla muy bien de la campaña de vacunación antigripal llevada adelante por el PAMI en las farmacias. Los jubilados no tienen demasiadas prescripciones, en la su habituales recetas de medicamentos antigripales, antitérmicos y similares, por eso la importancia de haber cubierto a cientos de miles de abuelos mediante la red de farmacias. Esto demuestra que cuando un Estado u Organismo Centralizado, en este caso el PAMI, piensa y articula una campaña de prevención que pretende llegar a la mayor cantidad de personas posibles, si se utiliza una red de alcance masivo como la farmacias independientes, el resultado es notablemente favorable. Esto es un simple dato de la realidad.

Otro caso de anticipación es de México, que ahora parecen tan lejano. Cuando explotó la influenza H1N1, la gente y las autoridades sanitarias mexicanas, tomaron con seriedad las herramientas que el Estado puso a su disposición para combatir de entrada esta epidemia. Hubo barbijos para todos, los espectáculos masivos se realizaron sin públicos (como el fútbol, que disputó por lo menos un par de fechas sin hinchadas), el gel antiséptico estuvo disponible, grandes complejos industriales licenciaban con trabajo para el domicilio a sus empleados o bien estructuraban muchos turnos rotativos para evitar las aglomeraciones del personal, etc. Es decir, ante los primeros síntomas de pandemia, el Estado azteca dispuso la emergencia sanitaria, que es sólo una cuestión administrativa, y operó fundamentalmente en la calle. La gente del DF se quedó en la casa, los que salían estaban provistos de todo lo necesario para ofrecer el mejor cuidado frente al temible el virus de la gripe A, y finalmente, armaron una red de atención primaria de la salud que se articuló perfectamente. Así, y nos consta, se contuvo y contiene la enfermedad.

Querido lector, ya sé, usted pensará que ellos contaron con la ayuda del clima; es casi una verdad; pero aún se registran infecciones y muertes en el hemisferio boreal, ahora mismo en aquella primavera. Lo concreto, es que el virus tuvo un obstáculo planificado para expandirse. Si el Estado argentino hubiese articulado medidas pensando en las desventajas climáticas: en que el virus H1N1 iba a tener grandes posiblidades a mutar como sucede con el de la gripe estacional, si se hubiese tomado las mismas medidas y con igual ritmo como las que dispuso el gobierno mexicano, quizá las estadísticas reales serían muchos mejores de las que todos nos vamos anoticiando.

En estas páginas siempre decimos que la farmacia independiente, profesional, es un eslabón más del sistema de salud de nuestro país. De hecho, hoy se nota más que nunca esto, en la contención de la gente, en la información de cómo evitar la gripe, de los consejos para entrenar a los pacientes a consultar con su médico para conseguir el mejor diagnóstico de cuándo se está ante un cuadro gripal estacional o cuándo este puede ser porcina. Pero la gente cuando llega al hospital se encuentra con la realidad sanitaria nacional: falta de elementos para diagnostico (sólo basta nombrar que el instituto Malbran no esta realizando pruebas de verificación de H1N1), guardias llenas, etc. Entonces, se procede con una singularidad muy a la argentina, nuestro ministerio de salud nacional, se le ocurre salir del vendaval considerando que cualquier cuadro gripal se la considera gripe porcina A. El peor pronóstico para el evitar el mayor riesgo.

Cuando decimos que un Estado debe tener una idea acabada de sanitarismo, nos referimos a poder articular todas las herramientas de gestión pública y privada y a desarrollar una estrategia completa que utilice todos los elementos a su disposición. Hoy vemos una vez más que el Estado no fue ni oportuno ni contenedor de estas contingencias que ahora explotan en todo el sistema de atención primario de la salud. Por eso, y siempre que podamos, llamamos a la reflexión a quienes quieren destruir las complejas redes de atención farmacéutica de la provincia de Buenos Aires, destruyendo la cadena de farmacias privadas independientes. Rompiendo leyes que apoyan estas mismas redes. Porque en verano volverá el dengue, y no vemos que haya una política preventiva. Porque parece que la única herramienta preventiva que tiene el sistema argentino es la suerte. La suerte de un invierno benevolente que haga llegar más rápido el calor, que aleje a los virus de la gripe, como hace unos meses esperamos que la suerte traiga el frío que alejó al mosquito del dengue. Pero que en el verano volverá, y así sucesivamente, si no prevenimos de una buena vez rompiendo el círculo vicioso de la improvisación.

Por eso necesitamos en el ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires y el de Nación, sanitaristas comprometidos, que entiendan la importancia de estas interacciones entre los profesionales de la salud y de toda la red de atención primaria, que comprende hospitales, CAPS, clínicas, farmacias, etc. Un Estado en alerta permanente sin pudor.

Debemos aprender de los errores de esta democracia adolescente que se cobra vidas de argentinos. Así, podremos entender que una solución a tiempo es la mejor vacuna a cualquier problema. Informar antes que curar, evitar llegar a las emergencias antes de solucionar lo que parece irreparable una vez en ella.

Es hora de entender que en contingencias como las que se viven es donde la solidaridad y las redes de atención construidas por tanto tiempo deben surgir ante la desorganización que reinó hasta ahora. Ni la suspensión de las clases, ni el cierre de fronteras, ni cualquier medida pueden detener la peor de las infecciones: la falta de una educación para la salud desde el Estado.

Néstor Caprov

viernes 26 de junio de 2009

¿ A quién le molesta un cartel ?


La campaña de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) contra la venta ilegal de medicamentos se volvió a ver frustrada por la idas y vueltas de los funcionarios del gobierno porteño. A pesar de los permisos debidamente concedidos por parte de los funcionarios oficiales; el cartel de Rivadavia y Callao volvió a ser retirado otra vez, sin razones valederas. Qué intereses toca la necesidad de evitar la venta de medicamentos fuera de farmacias. Decisiones curiosas o por lo menos contradictorias, que juegan con “aquellas cosas que no tienen repuesto”: la salud de la población.

En Callao y Rivadavia, en pleno centro de la Capital Federal, funcionaba la confitería El Molino. En 1850 nació este punto de encuentro de los porteños, por entonces llamada Confitería del Centro. Pero la presencia del primer molino harinero de Buenos Aires (llamado “molino a vapor de Lorea”, le dio su inmortal nombre. Entre 1914 y 1917 se construyó su actual edificio, y sus puertas cerraron luego de que la historia de la ciudad y el país pasara por sus veredas.

Allí, en la puerta, mientras se espera que la tradicional confitería reabra sus puertas, un cartel llama a la reflexión a los transeúntes porteños: “Uno de estos medicamentos es
falso: ¿cuál piensa darle a su hijo? Por su salud y la de su familia no adquiera los medicamentos fuera de la farmacia”. El mismo es una iniciativa de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), como parte de una iniciativa nacional para terminar con el vacío legal que permite la venta ilegal de medicamentos, un flagelo que azota a toda la población, cobrándose muertos y recursos que no se recuperan.

Lo curioso es que en estos días, por ¿segunda?, ¿tercera? vez, el cartel fue removido por empleados de la comuna porteña, pese a que la COFA tiene autorización para realizar allí la campaña. En un país con 22 mil muertes anuales por mal consumo de fármacos, la actitud del gobierno de la ciudad de Buenos Aires es por lo menos llamativa.

Los antecedentes del cartel de El Molino son para tener en cuenta: por lo menos dos años fue publicidad de la empresa Movicom. O sea que por más de dos años, una compañía extranjera (Bellsouth) pudo mantener su cartelería sin problemas, y una campaña de salud pública se remueve constantemente. Es más, Movicom dejó de existir, ya que fue comprada por Telefónica de España, y pasó a llamarse en nuestro país Movistar, sin que el cartel sea tocado.

El infortunio del cartel de la COFA, que según su concejo directivo busca “advertir a la población y a los legisladores sobre el riesgo que implica el vacío legal en el mercado de medicamentos”, es otro de los sin sentidos que rigen en nuestro país, donde una campaña de salud pública y con un claro sentido social tiene que pelear contra la falta de inteligencia de los funcionarios, en este caso los del gobierno de Mauricio Macri.

Tal vez, nos parece querido lector, la explicación sea otra, y el cartel, con su mensaje de advertencia, haya fastidiado a algunos “intereses”. Tal vez que 300 mil personas por días vean la necesidad de una ley nacional de medicamentos, un pedido que pone en evidencia el llamado de atención para con el compromiso sanitario a los legisladores actuales, haya molestado a algunos funcionarios de la ciudad de Buenos Aires, o tocado, vaya a saber, qué sensibilidad de los que venden como si fueran golosinas, medicamentos en los Kioscos de nuestra queridísima capital de los argentinos.

En el mundo, los gobiernos de cualquier índole apoyan activamente las campañas de difusión a favor de la salud pública, en especial aquellas que nacen de entidades intermedias, ONG y otras instituciones. En todo el mundo, la red que forman los esfuerzos estatales y los no gubernamentales es fuerte y cuenta con el respeto de los funcionarios, que entienden que la necesidad de tomar acciones conjuntas está por sobre cualquier interés mezquino.

En la Argentina, la falta de un marco regulatorio claro y específico para erradicar el medicamento ilegal que se ofrece en las calles de todo el país, deben llamar a la reflexión. La venta de medicamentos fuera de la farmacia y el crecimiento de la venta de medicamentos OTC es otra pata de esta misma situación. Las estadísticas son el mejor reflejo de esto: según un reciente trabajo, 8 de cada 10 argentinos se automedica, mientras que la mitad de los pacientes que consume algún medicamentos no lee el prospecto. Ese cartel, deliberadamente tapado o arrancado, puede costar nada menos que una vida.

La COFA dice sobre el cartel: “un mensaje claro, con el que esperamos concientizar a la comunidad y a nuestros representantes sobre la necesidad de normatizar en forma URGENTE la comercialización de fármacos. El medicamento debe ser dispensado por el único profesional habilitado para hacerlo: el farmacéutico”. La explicación no deja lugar a dudas tanto como para movilizar las “manos anónimas” que desoyendo la autorización y la importancia del mensaje juegan a favor de intereses, que por lo menos no le interesa un pito, la salud de los argentinos.

La confitería El Molino había anunciado su reapertura en 2004 como un espacio cultural. Pero la ciudad sigue esperando. Va a estar buena Buenos Aires. Sobre todo si los funcionarios del gobierno de la ciudad, nos permiten y después no bajan, las banderas de la salud para todos.

Néstor Caprov

lunes 22 de junio de 2009

Tiempos modernos para el Colegio de todos los Farmacéuticos


En tiempos electorales, gremiales de los farmacéuticos y nacionales, es difícil poder hacer propuestas e hilvanar ideas sin que sean vistas como parte de la campaña proselitista. Todo lo que se dice en este tiempo se mira de reojo porque se le busca la intencionalidad política. “Quiere llevar agua para aquel molino”, “qué estará buscando”, “y este de qué juega”, expresiones que se escuchan cuando alguien intenta hacer propuestas desde una posición institucionalmente neutral. Lo sabemos. Pero lo intentaremos.



Desde hace un tiempo, venimos viendo desde este espacio que si queremos tener la mirada hacia el futuro, debemos modernizar nuestra herramienta gremial: el Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Buenos Aires. La complejidad de la profesión farmacéutica se acentúa cada día, y no vemos que esto tenga un correlato en el Colegio de Farmacéuticos que nos debe representar. Todos los días nuevos aspectos de la tarea nos obligan a capacitarnos, informarnos, movernos a un ritmo que no se trasluce en la estructura que debería sostener nuestro esfuerzo. Es decir, las organizaciones deben acompañar estos cambios, modernizarse, para mantener su función contenedora.

Los farmacéuticos bonaerenses necesitamos un Colegio moderno, acorde a los nuevos aspectos que afrontamos cada día. Herboristería, dermocosmética, Atención Farmacéutica, nuevos mercados, convenios privados, seguridad social, etc. La lista es larga de los aspectos que con dinámica propia cambian y ponen desafíos al trabajo diario. Que importante sería que el Colegio Bonaerense tuviera, por ejemplo, departamentos dedicados a estas cuestiones, que sea una fuente de asesoramiento para la farmacia, que así no debe ir, para decirlo de alguna manera, “tanteando” las cosas.

Un ejemplo cualquiera: Sí el Colegio tuviera, por ejemplo, un departamento de herboristería, podría tener asesores que conozcan el sector como corresponde, dándole un mapa a los farmacéuticos sobre los principales proveedores, clasificarlos por especialidad, capacitando y aconsejando a quienes quieren profundizar su influencia en este sector. Una forma de avanzar junto a los cambios que el mercado y la sociedad realizan. En cuanto a la atención de psicotrópicos y de todo la venta bajo receta de la oficina farmacéutica pasa lo mismo. Además de capacitación –tan necesaria y valiosa –el farmacéutico necesita otras herramientas para avanzar en una mejor contención de las necesidades, propias y ajenas. En estos sectores se necesitan, para nombrar algunos casos, nuevos elementos informáticos, que automaticen y faciliten el manejo de la administración de la farmacia, una tarea que demanda horas y horas todos los días y que podrían solucionarse con un mejor manejo de la informática validando y concensuando con las autoridades ministeriales, para ponerle fin al viejardo libro recetario. Una administración que avance en simplificar el trabajo rutinario y hacer que el colega le dedique el mayor tiempo a otros menesteres más necesarios y menos tortuosos para su farmacia.



Estas falencias en la estructura gremial le quitan tiempo y capacidad al farmacéutico, que cada día debe profesionalizarse más para mantener la excelencia sanitaria por sobre estas cadenas que purulan a modo de ejemplo, en la Capital Federal y en varias zonas del país, con su estilo de atención de “choripán al paso”. Allí reina el discurso de la atención “drugstore”, lejos del espíritu sanitarista de la red independiente, donde cada persona es un paciente que recibe además de una venta un consejo, un acompañamiento vital para un tratamiento que muchas veces no es efectivo sin esas palabras previas. Para esto, necesitamos una serie de herramientas para hacer de nuestra atención efectiva y generosa, y para esto es imprescindible un colegio acorde a estas necesidades.

Otro ejemplo de la necesidad de adaptar la estructura a los tiempos que corren se puede ver en la comunicación. Cada filial de la provincia aplica su criterio con razón y necesidad, y así, puede llegar a la comunidad y a los colegas, con afiches, volantes, publicaciones. Muchas veces sin una estética ni un eje común para comunicar ni una idea general que eviten el despilfarro de recursos que centralizados serían mucha mas eficientes. Una comunicación unificada permitiría un verdadero seguimiento de nuestra tarea, una especie de “servicio de posventa” que ayudaría a mejorar en nexo con la comunidad, y hasta evitaría –porque no –que mucha gente se vaya de la farmacias como lugar natural para los medicamentos, tentada por malas comunicaciones que tanto rondan en los medios.

Pero no sólo el Colegio debe modernizarse hacia adentro de la estructura. Los desafíos hacia fuera obligan a generar los anticuerpos para evitar la fragmentación y dispersión, que terminan siendo el caldo de cultivo ideal para la aparición de males como la venta ilegal, las grandes cadenas o la destrucción de la ley de farmacias. Influenciados por el efecto prostibulario de Capital Federal, las farmacias debemos afrontar desafíos constantes en materia de seguridad social, de servicios y atención. Para eso, el Colegio debe atender todas las necesidades, transformarse para lograr adaptarse a las necesidades actuales. La capacidad de la red de farmacias independientes está demostrada, en grandes odiseas como la reconstrucción pos crisis del 2001 como en cuestiones más caseras, como la vuelta a la vacunación antigripal en PAMI. Es hora de que ampliemos está oferta de servicios a través de una organización moderna y una estructura acorde a los días que corren.

Porque esta estructura nos permitirá pelear con mayor fuerza lo que, admitámoslo, separado no podremos lograr. Una cadena exitosa es eso: lograr lo que sus eslabones, por separado no consiguieron. Y para eso es necesario un diagnóstico eficaz y una moderna mirada del presente. Los departamentos nuevos de los que hablamos, en los cuales no debe estar ausente uno dedicado a la formulación magistral, que vive un renacer importante en todo el mundo, y uno de gestión de cobranza de las prestaciones a la seguridad social, porque el recupero de los montos que financiamos se hacen cada vez más complejos y si no se está al día no se puede crecer –son en definitiva una nueva forma de ver la farmacia, un nuevo estilo de “gerenciar” el sector independiente, con la misma mirada sanitarista pero acorde a las necesidades que plantea el mundo moderno.

La farmacia cambia a la par de estos tiempos modernos. La profesión farmacéutica también. Por eso el colegio debe hacerlo a la par. Para mejorar la capacitación, para ser el soporte técnico, la contención gremial y hasta la garantía económica para que miles de farmacias mejoren cada día. Trabajar en la consolidación de nuestra red es dotarla de una capacidad de servicios que hoy no tiene, es trabajar en la esencia misma de la oficina de farmacia; ampliándole la perspectiva y el universo de su justificación como ente de salud y de bienestar.

Néstor Caprov

miércoles 17 de junio de 2009

Justicia a la europea. Una razón de peso para sostener nuestra Ley de farmacias.




Por ahí pasó un tanto desapercibido, pero hace unos 20 días, mientras nuestro país se metía de lleno en la vorágine electoral, en Europa una noticia acaparaba la atención del sector farmacéutico. Luego de varios meses de espera, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, con sede en Luxemburgo, falló a favor del modelo de farmacia de España, esto es, a favor de un modelo sanitarista en manos de los farmacéuticos. El informe final asegura que “los medicamentos no son mercancías, por lo tanto no deben ser vendidos en un establecimiento que no esté liderado por un farmacéutico”.

La disputa legal comenzó hace un tiempo, cuando los dos modelos de farmacia se enfrentaron en el tribunal para unificar un criterio para Europa. Desde un sector, encabezado por los españoles (por eso el modelo se lo conoce como “mediterráneo”), trabajaron por un sistema sanitario que sostenga la propiedad a los farmacéuticos, y prohíba la llegada de Sociedades Anónimas y de cadenas a su territorio. Del otro lado, grupos ligados al modelo anglosajón pidiendo “la liberalización del sector”, argumentando que su prohibición viola una serie de artículos de la constitución de la Unión Europea, en especial aquellos que hablan de la “libre circulación de capitales”.

La disputa tuvo a mediados de mayo una sentencia definitiva, y cobra vital importancia en tiempos donde en nuestro país se habla de derogar o modificar la ley 10.606 de la provincia de Buenos Aires, ley que mantiene la regulación sanitaria para la instalación de una farmacia en territorio bonaerense.

“La restricción a la libertad de establecimiento está justificada por el objetivo de garantizar un abastecimiento de medicamentos a la población; seguro y de calidad”, afirma la sentencia (diario El País de España, 19 de mayo de 2009). Esto es un fuerte espaldarazo para esta forma de entender la profesión, tan similar a la que se vive en la provincia de Buenos Aires.

“Cuando subsisten dudas sobre la existencia o el alcance de riesgos para la salud de las personas, el Estado miembro puede adoptar medidas de protección sin tener que esperar a que se demuestre plenamente la realidad de tales riesgos”, expresa el fallo. Además, la sentencia indica que “no sólo es justificable la exclusión de quienes no sean farmacéuticos de la explotación de una farmacia privada, sino también la prohibición de que las empresas de distribución de productos farmacéuticos adquieran participaciones en las farmacias municipales” (diario El Mundo de España, 19 de mayo de 2009).

El tribunal de Luxemburgo confirmó la legalidad de modelos de farmacia como el español, y rechazó los argumentos de la Comisión Europea a favor de la liberalización de las farmacias. Esto fue festejado por los farmacéuticos españoles, que trabajaron tanto para defender su sistema: “con un modelo de farmacia liberalizado, cientos de pequeñas localidades se quedarían sin establecimiento de farmacia y se obligaría a sus habitantes a viajar a otras zonas para poder adquirir sus medicamentos”. Hoy por fin se ha sentado jurisprudencia y, aunque el debate se pueda reabrir en un futuro por la presión de algunos lobbys, se le ha dado el espaldarazo necesario a un sistema tan eficiente como el nuestro, dijo el presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), Pedro Capilla (agencia Europa Press, 19 de mayo de 2009).

Cabe recordar que el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas (TJCE) es una Institución de la Unión Europea que cumple la función de órgano de control del derecho comunitario europeo, y que se caracteriza por su naturaleza judicial y supranacional. Las sentencias del TJCE y del TPI “tienen carácter vinculante en los Estados miembros”, es decir, deben ser acatadas por los países y sus gobiernos. Por definición, el TJCE es el garante de un ordenamiento jurídico propio que se ve asistido y aplicado también por los sistemas jurídicos nacionales. El Tribunal acepta recursos de particulares y de Estados. En el caso de las farmacias, la demanda fue iniciada por un grupo llamado PLAFARMA, una asociación dedicada a la liberalización del modelo europeo acusada de responder a los intereses corporativos de grandes grupos de poder financiero (para conocer más sobre ellos se puede ingresar a www.plafarma.org).

Todo esto demuestra el peso de la resolución europea, la importancia que tiene en el viejo continente del modelo de farmacias que, paradójicamente, se intenta destruir en la provincia de Buenos Aires. Es un antecedente más que importante que en Europa se privilegie lo sanitario por sobre lo económico, para preservar el derecho a la salud, a valorizar un sistema sanitario por sobre los intereses económicos de las grandes corporaciones.

En tiempos donde se habla de un fuerte y definitivo intento para destruir la red de atención de las farmacias, demoliendo las bases históricas del sanitarismo bonaerense (ver “La suma de todos los miedos: El arribo de la S.A. farmacéuticas en la provincia de Buenos Aires), no está mal ver y releer la resolución del Tribunal europeo. Para ver que en materia de salud pública, no siempre “billetera mata galán”, y el sentido común pone, por fin, los caballos adelante del carro.

Néstor Caprov